domingo, 28 de abril de 2013

Emancipa(sado)ción.


 A veces no nos queda más remedio que aceptar algo que no nos gusta. Y eso nos gusta menos que lo anterior, pero la vida es así nadie dijo que fuera justa en ningún momento, y sin embargo aquí estamos.
Siempre he oído eso de que hay gente que ve el vaso medio lleno o medio vacío, gente que prefiere vivir el presente y mucha gente que vive en el pasado.
En cuanto a esta última clase de gente he de decir que a veces es mucho mejor quedarse a vivir en el pasado porque hay cosas que con el tiempo empezamos a echar de menos o porque un presente puede llegar a resultar un poco doloroso. Sin embargo, no os podéis imaginar la cantidad de cosas que nos perdemos por no querer vivir en el presente.
Del pasado es bueno aprender, arrepentirse e intentar no volver  a cometer errores ya cometidos. No hablo de olvidar todo lo que no nos ha gustado vivir, ni de emanciparse sin estar preparado; si se necesita terminar rehabilitación por todas las veces que te has tropezado o si necesitas escuchar millones, billones de veces esa canción para no querer oír hablar mas de esa persona solo hazlo y múdate cuando estés preparado.
Lo primero para empezar a salir del nido es encontrar una vivienda, busca alguna que sea luminosa y así siempre vas a poner ver que hay luz al final del túnel. A ser posible que tenga un buen baño para darnos una ducha de agua fría cuando la necesitemos, y para eso que la gente llama higiene emocional, es recomendable que por lo menos una vez al mes uséis un gel exfoliante, que quite los restos de piel (y recuerdos) muertos.
Pide también que tenga cama de matrimonio y más de una habitación, lo primero porque puede que necesites mucho espacio para ti mismo al principio y lo segundo porque cualquier día puede aparecer ese alguien al que le dejes dormir en el lado izquierdo de tu cama; lo de que tenga más de una habitación es por si alguna vez tienes que castigar a la nostalgia, a los malos recuerdos, a las lloreras tontas, a los “que solo estoy” o a esa "vocecica" que nunca se calla.
A ser posible que tenga balcón, para cuando necesites airear tus trapos sucios o tu conciencia, o simplemente para tomar un poco el aire y volver a poner los pies en el suelo siempre que te haga falta.        
Pero sobre todo que tenga puertas, de entrada y de salida, ambas para las personas que vayan a pasar por ti, a las que se queden enséñales tu nuevo piso, acomódalos en un buen sofá y escucha todo aquello que te digan; a los que se vayan dales las gracias por lo que has aprendido de ellos y entonces enséñales amablemente donde está la salida. Las puertas también te servirán para salir a tomar el aire y saber que existe mas gente aparte de ti, que eso del egocentrismo ya no se lleva.                                      
Nunca nadie dijo que fuera fácil empezar de nuevo y mucho menos separarse de un pasado con nombre y apellidos, olores y besos de esos que te dan y resucitan un muerto
, pero a veces ese pasado es tan presente que no deja que disfrutemos de las personas, las cosas y los momentos que realmente merecen la pena de cara al futuro.