viernes, 13 de septiembre de 2013

Opposites attract.

Yo invierno y otoño, cuando no sabes que ropa ponerte, incertidumbre, monotonia. Tú verano, barbacoas, noches en vela, sabor a sal y arena en la piel.
Yo libros, bibliotecas, escritorios. Tú tiempo libre, sol, viajar, conocer.
Yo soledad, enmudecimiento, frío. Tú vida, risas, abrazar, calor.
Yo dieta y ejercicio. Tú gominolas, M&M’s, palomitas, Coca-Cola, cerveza , chocolate y azúcar.
Yo inestabilidad, dudas, indecisión, silencio. Tú seguridad, hogar, valentía, optimismo, amor.
Yo inspirar. Tú expirar.
Yo tan pendiente de ti. Tú tan "me la sudas".
Yo ruido y pensar de más. Tú la palabra precisa en el momento adecuado.
Yo punto y seguido. Tú punto y aparte.
Tú olor a nuevo, a primavera, a colonia.
Tú relajación, domingos por la tarde, una buena película, una mejor canción.
Yo guerra. Tú paz.
Tú té, café… adrenalina.
Tú  respirar.
Yo tan yo. Tú tan tú.

Yo la vida ya que tengo, tú la vida que me falta.

lunes, 29 de julio de 2013

Personas-herida o heridas que dejan personas.

Que la vida es algo injusta es algo que todo el mundo sabe, o al menos eso dice saber. Sin embargo es con el paso del tiempo cuando aprendes cuanto de verdad tiene este dicho. No hablo de desengaños (o no quiero hablar de ellos), hablo de que ves que a los demás les pasan cosas mientras a ti no te pasa nada. Solo esperas que te pase algo.
Cuando llevas un tiempo viviendo una “rutina sentimental” continua, llega el día en el que te dices a ti mismo: Necesito algo de acción. No. Lo que quieres es que pase algo que te recuerde que estás vivo, de hecho, si últimamente no escribo nada en este rincón es porque no me pasa nada, o porque no encuentro a nadie que me inspire.
Esto último es bueno en realidad. Si la persona en la que te inspirabas para escribir ya no es la razón por la que lo haces significa que has cerrado o curado una herida. No sé si habéis pensado alguna vez en el hecho de que una persona os duela…
Hay diferentes clases de personas-herida:
1. La primera es ese golpe que te das en el dedo meñique del pie contra la esquina de un mueble, al momento duele mucho, te duele cuando andas, pero luego llega un día (más cercano de lo que imaginamos en un principio) en el que, de repente, ya no recuerdas cuanto dolió aquel golpe que te diste… ¿en qué dedo era?
2. En este caso, nos referimos a golpes que en un primer momento pueden, o bien doler  un poco, o incluso no doler. Al principio bien, lo malo es cuando de repente descubres que tienes un hematoma (por decirlo finamente) y que el más mínimo revive el dolor primitivo. Bien, esto es lo que llamaríamos un “uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde”; al principio todo va bien incluso crees que no es una mala opción haber dejado (o haber sido dejado) a esa persona, pero luego no piensas lo mismo… Cada vez que la vez echas de menos como te hacía sentir, ser, reír… todas esas sensaciones. A raíz de aquí pueden pasarte dos cosas:
                2.1 Como pasa con los hematomas, llega un día en el que desaparecen y ya no te duelen, ya no te acuerdas de ellos.
                2.2 A veces (más de las que te gustaría) querrías volver a tenerlo, porque al fin y al cabo un hematoma te recuerda una caída, Un hematoma es un recuerdo  que, literalmente, llevas en la sangre, y que tarde o temprano vuelve a pasarte por el corazón. Y el corazón nos hace sentir.
3. La tercera herida es aquella que nos hacemos cuando aun somos pequeños jugando en el patio del colegio. Todos nos hemos caído alguna vez y nos han llevado a echarnos agua oxigenada porque nos habíamos hecho sangre. Bien, estas heridas, como digo, son de juventud y duelen mucho, muchísimo y durante mucho tiempo. Hablo del primer amor, del de verdad, del que siempre que piensas en él te sale una sonrisa porque vaya hostia te metiste, ¿verdad?
4. En este apartado hablo de los arañazos, esos que son muy finos y a los que yo, personalmente, tengo la manía de quitarles la concha tantas veces como sea necesario. Bien, el problema no es que quites la concha y desaparezca; el problema es cuando una y otra y otra vez sale sangre y vuelve a salir concha. Un simple arañazo es la peor herida de todas y más aun cuando intentando deshacerte de él ves, para tu sorpresa,  que hay sangre escondida, y por lo tanto corazón, y por lo tanto sentimiento. Y esta clase de arañazo es la que mas tarda en desaparecer, aunque no quieras, porque no dejas de rascar; y en el fondo sabes que lo haces porque que te duela, que te haga sangre es un síntoma de que estas vivo todavía, es un síntoma de que, en última instancia, sientes.
En cuanto a los remedios para ayudar a la curación hay también unos cuantos: agua oxigenada, alcohol, betadine, tiritas… pero de esto hablaré otro día.

Quedaos con aquello de que “si sientes dolor es que estas vivo” y con que una rotura de corazón es peor que cualquier hematoma o golpe en el dedo meñique del pie. Pero siempre nos pueden poner un marca-pasos, es decir, algún día volveremos a encontrar a alguien que nos haga escribir a diario (otra vez).

viernes, 17 de mayo de 2013

Cuando el mundo era nuestro.

Recuerdo que solías cogerme de la mano,
agarrarme por la cintura,
recordarme que debía tener los pies en el suelo.
Me acuerdo que me gustaba tu risa
tus manos,
tu prisa.
Antes no solía escribir(te)
porque prefería pasar el tiempo
navegando los surcos de tu espalda.
Antes me gustaban los días de lluvia
y las canciones de amor.
Me descubriste a los Rolling,
a Metallica
y a los Sex Pistols
y que una caricia esconde mas palabras que un silencio.
Antes no solía escribir(te),
cuando el mundo era nuestro.
Ahora que los domingos ya no son astrománticos,
prefiero recordar(me)
que no tenemos custodia compartida.
Así que,
cuando pienso que ya no es "nuestro mundo",
me rompo un poquito,
respiro profundo,
y le echo Betadine al corazón.




domingo, 28 de abril de 2013

Emancipa(sado)ción.


 A veces no nos queda más remedio que aceptar algo que no nos gusta. Y eso nos gusta menos que lo anterior, pero la vida es así nadie dijo que fuera justa en ningún momento, y sin embargo aquí estamos.
Siempre he oído eso de que hay gente que ve el vaso medio lleno o medio vacío, gente que prefiere vivir el presente y mucha gente que vive en el pasado.
En cuanto a esta última clase de gente he de decir que a veces es mucho mejor quedarse a vivir en el pasado porque hay cosas que con el tiempo empezamos a echar de menos o porque un presente puede llegar a resultar un poco doloroso. Sin embargo, no os podéis imaginar la cantidad de cosas que nos perdemos por no querer vivir en el presente.
Del pasado es bueno aprender, arrepentirse e intentar no volver  a cometer errores ya cometidos. No hablo de olvidar todo lo que no nos ha gustado vivir, ni de emanciparse sin estar preparado; si se necesita terminar rehabilitación por todas las veces que te has tropezado o si necesitas escuchar millones, billones de veces esa canción para no querer oír hablar mas de esa persona solo hazlo y múdate cuando estés preparado.
Lo primero para empezar a salir del nido es encontrar una vivienda, busca alguna que sea luminosa y así siempre vas a poner ver que hay luz al final del túnel. A ser posible que tenga un buen baño para darnos una ducha de agua fría cuando la necesitemos, y para eso que la gente llama higiene emocional, es recomendable que por lo menos una vez al mes uséis un gel exfoliante, que quite los restos de piel (y recuerdos) muertos.
Pide también que tenga cama de matrimonio y más de una habitación, lo primero porque puede que necesites mucho espacio para ti mismo al principio y lo segundo porque cualquier día puede aparecer ese alguien al que le dejes dormir en el lado izquierdo de tu cama; lo de que tenga más de una habitación es por si alguna vez tienes que castigar a la nostalgia, a los malos recuerdos, a las lloreras tontas, a los “que solo estoy” o a esa "vocecica" que nunca se calla.
A ser posible que tenga balcón, para cuando necesites airear tus trapos sucios o tu conciencia, o simplemente para tomar un poco el aire y volver a poner los pies en el suelo siempre que te haga falta.        
Pero sobre todo que tenga puertas, de entrada y de salida, ambas para las personas que vayan a pasar por ti, a las que se queden enséñales tu nuevo piso, acomódalos en un buen sofá y escucha todo aquello que te digan; a los que se vayan dales las gracias por lo que has aprendido de ellos y entonces enséñales amablemente donde está la salida. Las puertas también te servirán para salir a tomar el aire y saber que existe mas gente aparte de ti, que eso del egocentrismo ya no se lleva.                                      
Nunca nadie dijo que fuera fácil empezar de nuevo y mucho menos separarse de un pasado con nombre y apellidos, olores y besos de esos que te dan y resucitan un muerto
, pero a veces ese pasado es tan presente que no deja que disfrutemos de las personas, las cosas y los momentos que realmente merecen la pena de cara al futuro.

lunes, 28 de enero de 2013

Automecanismo de defensa.

Te das cuenta de lo que alguien ha significado- o significa- para ti cuando llega un buen día en que al hablarle piensas: espero haberle hecho sonreír. Ese pensamiento interrumpe en tu mente sin esperártelo y de repente te sorprendes a ti mismo volviendo a pensar que es la primera vez que piensas eso referido a una persona y el corazón te bombea más rápido de lo normal…

La cosa cambia cuando te das cuenta de que para esa persona no eres nada, entonces todo vuelve a su ritmo cardíaco normal, como si la ilusión anterior nunca hubiera pasado.
Es en ese momento cuando te das cuenta- otra vez- de que no merece la pena y de que no te hace ningún bien, pero también te das cuenta de que por alguna razón no puedes- o no quieres- dejarlo ir.

Otro factor de riesgo es cuando la tontería más grande del mundo te recuerda a esa persona, y cuando digo tontería me puedo referir a… no sé… un trozo de queso, entonces sonríes y piensas: ¿Qué tal si le escribo algo original a ver qué dice? Y lo haces, y te sientes gilipollas conforme va pasando la conversación.
Lo mejor es cuando tu automecanismo de defensa te dice: "Eh oye haz lo que quieras, pero en el fondo sabes que NO es bueno y lo sabes-perdonad la redundancia- entonces, ¿por qué lo haces pedazo de masocailusaquecreequeporalgunarazóndeldestinollegaráeldíaenelqueesapersonasédecuentadequeereslomejorquepodriatener?" Pero tu prefieres callarla y pones música en tu cabeza.

Aunque reconócelo, en el no tan fondo piensas: "Ahí voy a darme la hostia otra vez".
Pero no te importa, serás tonta…

jueves, 17 de enero de 2013

A ti, que eres lejanía.

 Muchas veces me he imaginado pasar una noche entera dando vueltas en tu ombligo y estudiando cada uno de tus lunares.
 Luego intento silenciar mi cabeza, diciéndole que vuelva a la tierra, que ella no es de esas que se inventan historias de princesas, pero nunca me hace caso, porque es un poco testaruda- ya la conoces.
Pero realmente no me importa, porque me preocupo de otras cosas, además sabes que soy de las que se guía por el corazón, que mis conciencias se llaman sístole y diástole.
Lo que no sabes es que un día también prometí dejarte ir, pero tampoco sabes que no soy de cumplir promesas, que me gusta recordarte de vez en cuando.
También pienso que no soy lo que necesitas, ni lo que buscas, pero aquí me tienes inventándome razones para escribir esto, que bien podrían ser las cosas que nunca te voy a decir. 
Y sé que lo que me vendría bien sería no volver a verte, pero es algo inevitable, es más, tengo que confesarte que a veces te busco con la mirada, porque así me hago rememorar que sigues ahí, ¡qué obviedad!, pero me gusta recordarte bien, con tus virtudes, tus defectos y tus ojos.
Siento que me falta algo, que me falta alguien y no sé si eres tú o es que mi función en la vida es escribir sobre amores imposibles -también puede que sea un poco gilipollas y me vaya el masoquismo, pero ese es otro tema.
Lo peor de todo es que yo sigo aquí cada semana acordándome de ti para escribir esto... pero, ¿qué quieres que te diga? cuando estoy lejos, es cuando te noto más cerca, porque eres hielo, eres lejanía.
En fin, tú cada vez más lejos,y yo cada vez más sin ti.

viernes, 11 de enero de 2013

A veces te escribo.

Si alguna vez te dije que no volvieras, olvídalo. Ahora que hace frío y que las noches son mas largas te necesito conmigo.
En realidad, nunca me escuchaste cuando te hablaba, así que tengo que confesarte que nunca has parado de rondarme por aquí y que cada vez que pensaba que me había librado de tu presencia mental y cardíaca, volvíais a aparecer: tú, tus ojos, tu sonrisa y tus tonterías.
Así que he decidido hacer caso a eso de "Si no puedes con el enemigo únete a él" y voy a permitirme el placer de mirarte sin que te des cuenta, imaginar como hubiera sido si le hubieras echado valor e intentar adivinar qué piensas realmente de todo esto.

Sin embargo, si alguna vez te dije que te quedaras, olvídalo también. Has tenido muchas oportunidades de hacerlo y nunca has dado el paso... Igualmente evita las quejas que tengas de mi y no me las transmitas y no me mires ni me hables ni me saludes ni intentes hacerte amigo de mis amigas ni nada.
Si esta vez te pido que te vayas es para que lo hagas en todos los aspectos, y no te aproveches de la situación que sabes que eres mi talón de Aquiles. Así que, aunque suene un poco bipolar, haz caso únicamente de esto último y olvida lo que te he dicho al principio, que me he propuesto borrar ese gusto mío por del masoquismo y lo imposible.
No sabes que a veces te escribo, pero eso, es algo que queda pendiente entre tú y yo.

miércoles, 2 de enero de 2013

Cómo perder algo que nunca te ha pertenecido.


Soy experta en perder cosas. 
Siempre pierdo cosas que con el tiempo necesitaré y no las echo de menos hasta que me hacen falta. Sin embargo, contigo nunca me pasó eso.

Pierdo tus no miradas, tus no besos, tus no palabras y tu no presencia, y lo que consigues es que yo me pierda también. Eso es lo que me pasa desde que te conocí: ando perdida esperando el  día en el que de repente aparezcas y me enseñes el camino de regreso a mi vida.


Tú problema es que siempre vuelves, mi problema es que no opongo resistencia a que saques tu faceta de okupa conmigo. Sin embargo, no me resistiría a que algún día te quedarás a vivir en mí, me arreglaras por dentro, me dieras una mano de pintura e incluso me compraras muebles nuevos; pero no quiero calefacción  es más, si algún día vinieras para quedarte, te pediría que me abrieras las ventanas, sobre todo desde diciembre a marzo, que es lo que dura el invierno. No te quejes si me da por ahí, te confesaré que es una artimaña para poder tenerte mas cerca. Tú lo llamarías tontería o vanidad, yo lo llamo aprovechar el poco tiempo que sé que te vas a quedar. Por eso tampoco te pido que inviertas mucho en mí,eso sí, deberías entender que acordáramos un alquiler por si algún día haciendo una revisión interior me doy cuenta de que te has vuelto a marchar sin avisar, que eso es muy típico de ti.


Pero es cierto nunca has sido nada mio, nunca. Por lo tanto también me declaro experta en perder algo que nunca me ha pertenecido.