Que la vida es algo
injusta es algo que todo el mundo sabe, o al menos eso dice saber. Sin embargo
es con el paso del tiempo cuando aprendes cuanto de verdad tiene este dicho. No
hablo de desengaños (o no quiero hablar de ellos), hablo de que ves que a los
demás les pasan cosas mientras a ti no te pasa nada. Solo esperas que te pase
algo.
Cuando llevas un tiempo
viviendo una “rutina sentimental” continua, llega el día en el que te dices a
ti mismo: Necesito algo de acción. No. Lo que quieres es que pase algo que te
recuerde que estás vivo, de hecho, si últimamente no escribo nada en este
rincón es porque no me pasa nada, o porque no encuentro a nadie que me inspire.
Esto último es bueno en
realidad. Si la persona en la que te inspirabas para escribir ya no es la razón
por la que lo haces significa que has cerrado o curado una herida. No sé si
habéis pensado alguna vez en el hecho de que una persona os duela…
Hay diferentes clases de
personas-herida:
1. La primera es ese
golpe que te das en el dedo meñique del pie contra la esquina de un mueble, al
momento duele mucho, te duele cuando andas, pero luego llega un día (más
cercano de lo que imaginamos en un principio) en el que, de repente, ya no
recuerdas cuanto dolió aquel golpe que te diste… ¿en qué dedo era?
2. En este caso, nos
referimos a golpes que en un primer momento pueden, o bien doler un poco, o incluso no doler. Al principio
bien, lo malo es cuando de repente descubres que tienes un hematoma (por
decirlo finamente) y que el más mínimo revive el dolor primitivo. Bien, esto es
lo que llamaríamos un “uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde”; al
principio todo va bien incluso crees que no es una mala opción haber dejado (o
haber sido dejado) a esa persona, pero luego no piensas lo mismo… Cada vez que
la vez echas de menos como te hacía sentir, ser, reír… todas esas sensaciones.
A raíz de aquí pueden pasarte dos cosas:
2.1 Como pasa con los hematomas, llega un día en el
que desaparecen y ya no te duelen, ya no te acuerdas de ellos.
2.2 A veces (más de las que te gustaría) querrías
volver a tenerlo, porque al fin y al cabo un hematoma te recuerda una caída, Un
hematoma es un recuerdo que,
literalmente, llevas en la sangre, y que tarde o temprano vuelve a pasarte por
el corazón. Y el corazón nos hace sentir.
3. La tercera herida es
aquella que nos hacemos cuando aun somos pequeños jugando en el patio del
colegio. Todos nos hemos caído alguna vez y nos han llevado a echarnos agua
oxigenada porque nos habíamos hecho sangre. Bien, estas heridas, como digo, son
de juventud y duelen mucho, muchísimo y durante mucho tiempo. Hablo del primer
amor, del de verdad, del que siempre que piensas en él te sale una sonrisa
porque vaya hostia te metiste, ¿verdad?
4. En este apartado hablo
de los arañazos, esos que son muy finos y a los que yo, personalmente, tengo la
manía de quitarles la concha tantas veces como sea necesario. Bien, el problema
no es que quites la concha y desaparezca; el problema es cuando una y otra y
otra vez sale sangre y vuelve a salir concha. Un simple arañazo es la peor
herida de todas y más aun cuando intentando deshacerte de él ves, para tu
sorpresa, que hay sangre escondida, y
por lo tanto corazón, y por lo tanto sentimiento. Y esta clase de arañazo es la
que mas tarda en desaparecer, aunque no quieras, porque no dejas de rascar; y
en el fondo sabes que lo haces porque que te duela, que te haga sangre es un
síntoma de que estas vivo todavía, es un síntoma de que, en última instancia,
sientes.
En cuanto a los remedios
para ayudar a la curación hay también unos cuantos: agua oxigenada, alcohol,
betadine, tiritas… pero de esto hablaré otro día.
Quedaos con aquello de
que “si sientes dolor es que estas vivo” y con que una rotura de corazón es
peor que cualquier hematoma o golpe en el dedo meñique del pie. Pero siempre
nos pueden poner un marca-pasos, es decir, algún día volveremos a encontrar a
alguien que nos haga escribir a diario (otra vez).