El café de esta mañana, me
ha recordado que no estás y que fuera llueve más de lo que debería. Ayer nos calentábamos
los huesos, y el alma y la piel.
Ahora te has ido.
No sé si estaré en casa
cuando leas esta nota, creo que no podré… no puedo soportar la idea de que este
sea nuestro final, tu final. Así que voy a echarle cara- como tú- y voy a pedir
que me dejes unas cosas:
1. Tu cepillo de dientes, porque sé que el mío no soportaría
estar acompañado de la pasta sabor menta que tanto te gustaba.
2. La toalla con la
que te secabas después de ducharte, sí, esa con la que me envolvías cuando salía de la ducha justamente después de ti.
3. Tu taza del desayuno, porque si preguntan algún día por qué
tengo dos, puedo contar lo mal que lo has hecho y lo rápido que te has ido.
4. Alguna camiseta vieja para ponérmela en casa y oler un poco a ti.
5. Las sabanas de
franela me las quedo yo, porque este va a ser un invierno muy largo y frío.
6. La colonia
que te ponías cuando ibas al trabajo, para usarla a modo de ambientador
emocional.
De noche dejaré la luz del salón encendida, por si vuelves de
madrugada, para que no te pierdas, para que sepas llegar.
Piensa que es un botiquín,
para las heridas, para mis heridas. Yo por mi parte, pensaré que es un pequeño
kit de supervivencia para corazones rotos y los utensilios básicos por si algún
día decides volver.
Sin embargo puedes
llevarte todo lo demás, lo que quieras. Mis recuerdos te los he dejado en la
caja roja que está encima del sofá, los CD de música encima del casete, junto a
mis principios y mis convicciones, no tengo nada más que ofrecerte de momento,
ya sabes qué puedes encontrar aquí. Los sentimientos me los quedo yo por ahora
y cuando me haga a la idea de que no vas a venir, cuando vuelva a saber dormir
sin que me respires en la nuca; entonces pensaré que hago con ellos, que aún no
he decidido si enterrarlos de por vida o venderlos al mejor postor…

