viernes, 17 de octubre de 2014

Te ex- ¿qué?


A todas las personas que han sido solteras alguna vez


Hace poco leí un texto titulado Te ex-quiero. La primera vez que supe de él fue porque muchos de mis amigos lo compartieron en Facebook y como a todo intento de escritor, me picó la curiosidad y acabé leyéndolo yo también.

No voy a meterme en asuntos de gustos textuales, porque dicen que para gustos los colores. Sin embargo no puedo - ni quiero - pasar por alto algunas de las cosas que leí en él.

Lo primero de todo: no hay buenos ex. Sí hay buenas parejas, pero no buenos ex. La razón es simple: cuando hay una ruptura siempre hay una parte que sufre. Por muy bien que haya querido hacerse.
Las personas necesitan un tiempo para asimilar y llorar y maldecir e incluso odiar. Lo peor que se puede hacer es hacerse amigo de la persona que fue tu pareja, lo que quiero decir es que si miramos atrás en nuestra vida, debemos apreciar qué hemos aprendido de las personas que han pasado por ella. Pero cuando el corazón es el que manda, la cabeza no entiende de amistades y menos con alguien que hemos querido y que nos ha hecho daño, queriéndolo o sin querer.

No te ex-quiero. No te ex-querré siempre.

Hoy voy a quererme yo. Voy a reírme de mi misma, a recordarte con cariño y a darme golpes contra la pared pensando en las tonterías que hice por ti. Y probablemente después llame a algunas amigas - que ese sí es amor del bueno - me compre una botella de vino y me vaya a bailar reggaeton a la primera discoteca que me ofrezca entrada gratis. Al final de la noche tontearé con alguien para subirme la autoestima y me iré a casa, con un hambre de cojones y una borrachera que me va a durar dos días.

Voy a saltar, a ponerme canciones a todo volumen y a cantarlas delante del espejo dedicándotelas a ti, que no has sabido aprovechar a alguien como yo. Pobre idiota. Lo que se pierde. Cambiaré la lista de reproducción de Spotify y me pondré las canciones tristes, de domingo por la tarde, porque probablemente estaré un poco deprimida al darme cuenta de que te has ido y de que ya no tengo resaca.

Voy a conocerme un poco más, a intentar reconocer mis miedos a repasar mis virtudes y a recordar todos mis defectos. Voy a ver qué pudo salir mal y voy a jurarme y perjurarme que nunca voy a volver contigo.

Voy a estar fuera de casa 18 horas al día, para no acordarme de ti y para contarle a cualquiera que se encuentre conmigo cómo me has dejado por dentro.

Voy a hacer lo que me pida el cuerpo y no voy a escuchar lo que tengan que decirme los demás. A quien no le guste, ya sabe dónde está la puerta.

Voy a ponerme alas y a irme lo más lejos posible de donde estés.

No voy a mirarte a la cara, porque no te lo mereces. No voy a saludarte, porque no me da la gana. Y no voy a darte explicaciones de porqué lo hago porque, por si no te acordabas, has sido tú el que me has echado de tu vida.

Así que ahora vamos a dejarnos de pensar en los ex y vamos a pensar un poco más en nosotros mismos. Que también nos lo merecemos. Vamos a salir con amigos y a volver a probar la Absenta. Vamos a fumarnos los cigarros de dos en dos, que la nicotina también viene bien después de una ruptura.

Vamos a viajar, a conocer mundo, a conocer gente.

Vamos a repetir un millón de veces lo fea y tonta que es su nueva "churri", a preguntarnos otras tantas qué habrá visto en ella, a hacer una porra sobre cuánto van a durar y a sentir pena de él porque: "lo que has bajado el listón majo".

Cuando pasemos todo esto ya veremos si queremos ser cordiales o queremos seguir odiándolos el resto de nuestra vida. Porque alguien que no ha sabido valorar lo que tenía en su vida, tampoco va a valorarlo cuando lo ha sacado de ella.

Dedicamos a los ex más saliva, más lágrimas y más pensamientos de los que deberíamos.

No te ex-quiero. Ni hoy. Ni mañana. Ni siempre. Ni nunca.

Hoy me quiero yo.

Y me querré siempre.




domingo, 21 de septiembre de 2014

Promesas y playas que no son las tuyas

- Déjame la manta que hace frío - me decías, y ahora soy yo la que la necesita, agosto sin ti parece más diciembre que nunca y me ha pillado desprevenida, sin ropa de abrigo y sin calefacción.

Además de sin ti.

Pero que no estás es un dato del que muchas veces no me acuerdo, o del que no me quiero acordar. Me dejaste a medio hacer. Nosotros que nos habíamos prometido vacaciones y noches de playa. Películas interminables. Cenas y comidas con velas en casa.

Yo que me había prometido no dejarte ir. 

Tú que me prometías que un kilómetro no era más que una unidad de medida.

Y ya lo ves, vivimos en meses distintos y nos separan años luz.

Ahora no dejas de llover y dudo que vayas a dejar de hacerlo por un tiempo, solo espero que dejes de pasarte por aquí para que a mí también me llegue el calor de verano y sobre todo el sol, que lo echo de menos.

(Como a ti).


Sé que esto no te importa y espero que  nunca sepas todas esas cosas que no te digo porque a pesar de que estoy hibernando, el mundo se me queda pequeño sin ti 
y he intentado encontrarte en otras bocas y en otras playas,
pero al final, siempre acabo 
volviendo 
tu 
orilla.

lunes, 1 de septiembre de 2014

Necesitamos más frío


Estoy deseando que llegue el Otoño, que viene siempre enamorado de la mano del Invierno.

Septiembre fue la mayoría de las veces un mes extraño para mi. Siempre marcó el final. Gran parte de los seres humanos contabilizan el paso de los años cada 31 de diciembre. Yo me quedé estancada en esos años de colegio, dónde septiembre indicaba el fin del verano y el comienzo de un nuevo año, el comienzo del nuevo año escolar, un año nuevo donde se dejaban atrás los amores de verano.

Porque en definitiva el verano es para eso, para encontrar ese amor que hacía pasar rápido los días de no hacer nada, para llenarlos con una ilusión adolescente, Los amores de verano siempre duraron eso... el verano, y los que no, los que conseguían cruzar la barrera del primer verano, lo hacías para acabaren otro verano distinto, con las penas consiguientes achacables al paso de los años, a la perdurabilidad de lo que tiene escrito su fin en un verano cualquiera sin previo aviso.

Y la verdad, me parece la peor época del año para encontrar el amor, porque el calor sofocante nubla la vista. Prefiero un amor de invierno, que es cuando se necesita, cuando hace frío y realmente se agradece el calor de quien se entrega.

La sensación de frío te hace valorar las cosas.

Yo quiero un amor de invierno, uno que no se acabe en verano.

Como cada uno de septiembre, siempre consigo sentir que se acabó en verano, y con él todo lo que no tenía que durar más.

Hoy quiero dar la bienvenida a este septiembre con un pequeño homenaje a los veranos felices y pasajeros, declarándome feliz de que llegue tras su paso el invierno, y con él un "encantada de conocerte", un "te sienta bien esa camisa", un "te invito a una cerveza", un "¿bailamos?", un paseo por ahí, y por qué no un "la verdad es que nunca pensé que lo diría... pero me gustas..." y poco a poco, después de sentir el frío de la calle en la cara, buscar el calor bajo una manta y una buena película en el salón de casa.

Hola Septiembre.
Año nuevo,
vida nueva.

martes, 29 de julio de 2014

Prometo no volver a escribirte una poesía

Siento seguir escribiéndote, en prosa y en verso, como si no fueras ya lo suficientemente inalcanzable para mí.
Nunca te lo había dicho, pero el amor, la atracción, las relaciones no deberían ser como andar sobre cristal. No debería tener que coger todas mis partes rotas y organizarlas para convertirlas en una vidriera.
Yo quería que te enamoraras de mis colores, que fueras más allá y me colgaras en tu cocina junto a esas pinturas que le encantaban a tu madre. Yo estaba buscando un hogar. Siento haber podido pensar que lo había encontrado en tus ojos, pero tengo que confesarte que aun tengo la manía de quedarme a dormir en ellos todas las noches. La próxima vez te prometo que reservaré habitación porque tú no eras hogar, eras un motel de paso.
Y aunque no quieras escucharme, te sugiero que compres una casa más pequeña. Todo es cuesta arriba desde aquí y ya no hay ropa tuya colgada en el armario ni he podido encontrar tu colonia en el baño. Además estoy aprendiendo a cerrar las puertas.
Mis pulmones están llenos de polvo de no gritar tu nombre. También debo decirte que por las noches hablo conmigo misma por lo que estos días tu nombre rara vez ha salido de mi boca pero siempre está ahí acechándome para poder ver el sol.
Por último, quiero celebrar que hoy ha sido el primer día que me he despertado y no he comprobado si te seguía llevando en la piel, será porque las personas como tu se te meten en las venas.

Bueno, la verdad es que te estoy relegando a la poesía con la esperanza de que, con el tiempo, este, sea el único lugar en el que permanezcas.

sábado, 26 de julio de 2014

Tú, ti, te, sin ti.

Ha vuelto el invierno en pleno julio. Otra vez.

 ¿Sabéis eso de que no hay mas ciego que quien no quiere ver? Pues es difícil cuando no creías que tenías una venda puesta en los ojos, es difícil cuando te pasas las horas acordándote de su cara, de su nariz –que en secreto no podías dejar de mirar-, de su risa.

Y hace frío. Otra vez.

Por tu culpa he vuelto a poner la lista de canciones tristes en Spotify y, joder, no puedo dejar de escucharla porque cada una de las 213 canciones que la componen me acercan un poco más a ti. Lo peor de todo es no saber qué ha pasado, que te has ido más rápido de lo que llegaste, que te dejé entrar y que sabías dónde tenía cosquillas y donde no me podías ni tocar.

Es haberme dado cuenta de que mientras yo te echaba de menos tú me echabas de más.

También ha vuelto la manía de ver películas que me recuerdan a ti, pero esta vez las veía sola y no contigo en la distancia. Y hay muchas veces que me quedo mirando fijamente a un sitio y solo pienso en tu risa y en cuando me respondías a Skype poniéndome caras raras para hacerme gracia. Y, tengo que admitir, que cada vez que cojo mi teléfono miro arriba y deseo que me hayas escrito algo. Pero nunca pasa. Y que muchas veces me gustaría compartir contigo algo de lo que me está pasando mandarte una foto, que me digas que te vas a la playa y que ojala estuviera allí.

Lo que todavía no sé, es si todo eso fue real alguna vez.


Lo que sí sé es que no puedo parar de echarte de menos.

domingo, 15 de junio de 2014

Never, ever.

Podría pasarme horas
rememorando los surcos de tu espalda,
 tus lunares
y  tus ojos achinados cuando sonríes.

Podría pasarme días
escuchando tu risa,
pretendiendo que no sé cocinar
y durmiendo contigo.

Podría pasarme meses
intentando descubrirte,
amando tus rarezas,
y mirándote el alma.

Podría pasarme años
haciendo todo eso.
 Te prometo, aquí y ahora,
que no me cansaría.


Nunca.

Microtextos #4

No hay nada como escribir con el corazón roto. No hay nada como escribir cuando sabes que te van a romper el corazón. ¿Por qué? No lo sé. Nunca he entendido porqué tengo la necesidad de auto-curarme escribiendo, pero tampoco puedo evitarlo. Es la forma más sana de decirme cosas a mi misma y dejarlas plasmadas ahí, para que nunca se me olviden.

Así que sí, señoras y señores, ha vuelto a pasar. Yo ya lo veía venir, sabía que tarde o temprano algo iba a volver a romperse dentro de mí, lo que pasa es que no lo quería asumir. Al fin y al cabo, es culpa mía. Estaba demasiado metida en eso del carpe diem y en lo del déjate llevar, que está muy bien, pero suena mejor de lo que realmente resulta al final.

miércoles, 14 de mayo de 2014

Microtextos #3

No siempre tengo algo que decir, a la vista está. Sin embargo, espero que tú sí que tengas algo que decirme a mi, y si puede ser al oído, que aun recuerdo como se me ponían los pelos de punta cuando me hablabas bajito.

Microtextos #2


Dicen que la vida va muy deprisa, que tenemos que pausarnos de vez en cuando.
No sé si es mucha la gente que hace caso a este tipo de consejo, yo, personalmente, no lo hago. No es porque no quiera o porque no me lo haya propuesto, es porque cuando lo hago solo me acuerdo de tus ojos índicos, pacíficos, atlánticos, árticos, mediterráneos, tirrenos... y se me pone la piel de gallina de escribirte.
Pues eso,
que paso de consejos que te incitan a vivir despacio si es sin ti.

Microtextos #1

Siempre oigo y leo a gente que se queja de la distancia. La distancia la pones tú y a veces aunque estés lejos, geográficamente, de una persona podéis estar todo lo cerca que queráis.
 Eso sí, cuando lo tengas a pocos centímetros escribele en la piel. Escribe cosas que nunca le dirias a nadie, cosas que quieres decirle pero no te atreves y lo que escribas que quede para ti. Quizás la otra persona nunca sepa que no le has dicho pero al fin y al cabo llevará tus no palabras en la piel y eso, su piel, es algo que le acompaña siempre.