Te das cuenta de lo que
alguien ha significado- o significa- para ti cuando llega un buen día en que al
hablarle piensas: espero haberle hecho sonreír. Ese pensamiento interrumpe en
tu mente sin esperártelo y de repente te sorprendes a ti mismo volviendo a
pensar que es la primera vez que piensas eso referido a una persona y el
corazón te bombea más rápido de lo normal…
La cosa cambia cuando te
das cuenta de que para esa persona no eres nada, entonces todo vuelve a su ritmo cardíaco normal, como si la ilusión anterior nunca hubiera pasado.
Es en ese momento cuando
te das cuenta- otra vez- de que no merece la pena y de que no te hace ningún
bien, pero también te das cuenta de que por alguna razón no puedes- o no
quieres- dejarlo ir.
Otro factor de riesgo es
cuando la tontería más grande del mundo te recuerda a esa persona, y cuando
digo tontería me puedo referir a… no sé… un trozo de queso, entonces sonríes y
piensas: ¿Qué tal si le escribo algo original a ver qué dice? Y lo haces, y te
sientes gilipollas conforme va pasando la conversación.
Lo mejor es cuando tu
automecanismo de defensa te dice: "Eh oye haz lo que quieras, pero en el fondo
sabes que NO es bueno y lo sabes-perdonad la redundancia- entonces, ¿por qué lo haces pedazo de
masocailusaquecreequeporalgunarazóndeldestinollegaráeldíaenelqueesapersonasédecuentadequeereslomejorquepodriatener?" Pero tu prefieres callarla y pones música en tu cabeza.
Aunque reconócelo, en el
no tan fondo piensas: "Ahí voy a darme la hostia otra vez".
Pero no te importa, serás
tonta…



