lunes, 28 de enero de 2013

Automecanismo de defensa.

Te das cuenta de lo que alguien ha significado- o significa- para ti cuando llega un buen día en que al hablarle piensas: espero haberle hecho sonreír. Ese pensamiento interrumpe en tu mente sin esperártelo y de repente te sorprendes a ti mismo volviendo a pensar que es la primera vez que piensas eso referido a una persona y el corazón te bombea más rápido de lo normal…

La cosa cambia cuando te das cuenta de que para esa persona no eres nada, entonces todo vuelve a su ritmo cardíaco normal, como si la ilusión anterior nunca hubiera pasado.
Es en ese momento cuando te das cuenta- otra vez- de que no merece la pena y de que no te hace ningún bien, pero también te das cuenta de que por alguna razón no puedes- o no quieres- dejarlo ir.

Otro factor de riesgo es cuando la tontería más grande del mundo te recuerda a esa persona, y cuando digo tontería me puedo referir a… no sé… un trozo de queso, entonces sonríes y piensas: ¿Qué tal si le escribo algo original a ver qué dice? Y lo haces, y te sientes gilipollas conforme va pasando la conversación.
Lo mejor es cuando tu automecanismo de defensa te dice: "Eh oye haz lo que quieras, pero en el fondo sabes que NO es bueno y lo sabes-perdonad la redundancia- entonces, ¿por qué lo haces pedazo de masocailusaquecreequeporalgunarazóndeldestinollegaráeldíaenelqueesapersonasédecuentadequeereslomejorquepodriatener?" Pero tu prefieres callarla y pones música en tu cabeza.

Aunque reconócelo, en el no tan fondo piensas: "Ahí voy a darme la hostia otra vez".
Pero no te importa, serás tonta…

No hay comentarios:

Publicar un comentario