Podría pasarme horas
rememorando los surcos de tu espalda,
tus lunares
y tus ojos achinados
cuando sonríes.
Podría pasarme días
escuchando tu risa,
pretendiendo que no sé cocinar
y durmiendo contigo.
Podría pasarme meses
intentando descubrirte,
amando tus rarezas,
y mirándote el alma.
Podría pasarme años
haciendo todo eso.
Te prometo, aquí y
ahora,
que no me
cansaría.
Nunca.