martes, 29 de julio de 2014

Prometo no volver a escribirte una poesía

Siento seguir escribiéndote, en prosa y en verso, como si no fueras ya lo suficientemente inalcanzable para mí.
Nunca te lo había dicho, pero el amor, la atracción, las relaciones no deberían ser como andar sobre cristal. No debería tener que coger todas mis partes rotas y organizarlas para convertirlas en una vidriera.
Yo quería que te enamoraras de mis colores, que fueras más allá y me colgaras en tu cocina junto a esas pinturas que le encantaban a tu madre. Yo estaba buscando un hogar. Siento haber podido pensar que lo había encontrado en tus ojos, pero tengo que confesarte que aun tengo la manía de quedarme a dormir en ellos todas las noches. La próxima vez te prometo que reservaré habitación porque tú no eras hogar, eras un motel de paso.
Y aunque no quieras escucharme, te sugiero que compres una casa más pequeña. Todo es cuesta arriba desde aquí y ya no hay ropa tuya colgada en el armario ni he podido encontrar tu colonia en el baño. Además estoy aprendiendo a cerrar las puertas.
Mis pulmones están llenos de polvo de no gritar tu nombre. También debo decirte que por las noches hablo conmigo misma por lo que estos días tu nombre rara vez ha salido de mi boca pero siempre está ahí acechándome para poder ver el sol.
Por último, quiero celebrar que hoy ha sido el primer día que me he despertado y no he comprobado si te seguía llevando en la piel, será porque las personas como tu se te meten en las venas.

Bueno, la verdad es que te estoy relegando a la poesía con la esperanza de que, con el tiempo, este, sea el único lugar en el que permanezcas.

sábado, 26 de julio de 2014

Tú, ti, te, sin ti.

Ha vuelto el invierno en pleno julio. Otra vez.

 ¿Sabéis eso de que no hay mas ciego que quien no quiere ver? Pues es difícil cuando no creías que tenías una venda puesta en los ojos, es difícil cuando te pasas las horas acordándote de su cara, de su nariz –que en secreto no podías dejar de mirar-, de su risa.

Y hace frío. Otra vez.

Por tu culpa he vuelto a poner la lista de canciones tristes en Spotify y, joder, no puedo dejar de escucharla porque cada una de las 213 canciones que la componen me acercan un poco más a ti. Lo peor de todo es no saber qué ha pasado, que te has ido más rápido de lo que llegaste, que te dejé entrar y que sabías dónde tenía cosquillas y donde no me podías ni tocar.

Es haberme dado cuenta de que mientras yo te echaba de menos tú me echabas de más.

También ha vuelto la manía de ver películas que me recuerdan a ti, pero esta vez las veía sola y no contigo en la distancia. Y hay muchas veces que me quedo mirando fijamente a un sitio y solo pienso en tu risa y en cuando me respondías a Skype poniéndome caras raras para hacerme gracia. Y, tengo que admitir, que cada vez que cojo mi teléfono miro arriba y deseo que me hayas escrito algo. Pero nunca pasa. Y que muchas veces me gustaría compartir contigo algo de lo que me está pasando mandarte una foto, que me digas que te vas a la playa y que ojala estuviera allí.

Lo que todavía no sé, es si todo eso fue real alguna vez.


Lo que sí sé es que no puedo parar de echarte de menos.