Ha vuelto el invierno en pleno julio. Otra vez.
¿Sabéis eso de que no
hay mas ciego que quien no quiere ver? Pues es difícil cuando no creías que tenías
una venda puesta en los ojos, es difícil cuando te pasas las horas acordándote
de su cara, de su nariz –que en secreto no podías dejar de mirar-, de su risa.
Y hace frío. Otra vez.
Por tu culpa he vuelto a poner la lista de canciones tristes
en Spotify y, joder, no puedo dejar de escucharla porque cada una de las 213 canciones que la componen me acercan un poco más a ti. Lo peor de todo es no saber
qué ha pasado, que te has ido más rápido de lo que llegaste, que te dejé entrar y que sabías dónde tenía cosquillas y donde no me podías ni tocar.
Es
haberme dado cuenta de que mientras yo te echaba de menos tú me echabas de más.
También ha vuelto la manía de ver películas que me recuerdan
a ti, pero esta vez las veía sola y no contigo en la distancia. Y hay muchas
veces que me quedo mirando fijamente a un sitio y solo pienso en tu risa y en
cuando me respondías a Skype poniéndome caras raras para hacerme gracia. Y,
tengo que admitir, que cada vez que cojo mi teléfono miro arriba y deseo que me
hayas escrito algo. Pero nunca pasa. Y que muchas veces me gustaría compartir
contigo algo de lo que me está pasando mandarte una foto, que me digas que te
vas a la playa y que ojala estuviera allí.
Lo que todavía no sé, es si todo eso fue real alguna
vez.
Lo que sí sé es que no puedo parar de echarte de menos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario