lunes, 29 de julio de 2013

Personas-herida o heridas que dejan personas.

Que la vida es algo injusta es algo que todo el mundo sabe, o al menos eso dice saber. Sin embargo es con el paso del tiempo cuando aprendes cuanto de verdad tiene este dicho. No hablo de desengaños (o no quiero hablar de ellos), hablo de que ves que a los demás les pasan cosas mientras a ti no te pasa nada. Solo esperas que te pase algo.
Cuando llevas un tiempo viviendo una “rutina sentimental” continua, llega el día en el que te dices a ti mismo: Necesito algo de acción. No. Lo que quieres es que pase algo que te recuerde que estás vivo, de hecho, si últimamente no escribo nada en este rincón es porque no me pasa nada, o porque no encuentro a nadie que me inspire.
Esto último es bueno en realidad. Si la persona en la que te inspirabas para escribir ya no es la razón por la que lo haces significa que has cerrado o curado una herida. No sé si habéis pensado alguna vez en el hecho de que una persona os duela…
Hay diferentes clases de personas-herida:
1. La primera es ese golpe que te das en el dedo meñique del pie contra la esquina de un mueble, al momento duele mucho, te duele cuando andas, pero luego llega un día (más cercano de lo que imaginamos en un principio) en el que, de repente, ya no recuerdas cuanto dolió aquel golpe que te diste… ¿en qué dedo era?
2. En este caso, nos referimos a golpes que en un primer momento pueden, o bien doler  un poco, o incluso no doler. Al principio bien, lo malo es cuando de repente descubres que tienes un hematoma (por decirlo finamente) y que el más mínimo revive el dolor primitivo. Bien, esto es lo que llamaríamos un “uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde”; al principio todo va bien incluso crees que no es una mala opción haber dejado (o haber sido dejado) a esa persona, pero luego no piensas lo mismo… Cada vez que la vez echas de menos como te hacía sentir, ser, reír… todas esas sensaciones. A raíz de aquí pueden pasarte dos cosas:
                2.1 Como pasa con los hematomas, llega un día en el que desaparecen y ya no te duelen, ya no te acuerdas de ellos.
                2.2 A veces (más de las que te gustaría) querrías volver a tenerlo, porque al fin y al cabo un hematoma te recuerda una caída, Un hematoma es un recuerdo  que, literalmente, llevas en la sangre, y que tarde o temprano vuelve a pasarte por el corazón. Y el corazón nos hace sentir.
3. La tercera herida es aquella que nos hacemos cuando aun somos pequeños jugando en el patio del colegio. Todos nos hemos caído alguna vez y nos han llevado a echarnos agua oxigenada porque nos habíamos hecho sangre. Bien, estas heridas, como digo, son de juventud y duelen mucho, muchísimo y durante mucho tiempo. Hablo del primer amor, del de verdad, del que siempre que piensas en él te sale una sonrisa porque vaya hostia te metiste, ¿verdad?
4. En este apartado hablo de los arañazos, esos que son muy finos y a los que yo, personalmente, tengo la manía de quitarles la concha tantas veces como sea necesario. Bien, el problema no es que quites la concha y desaparezca; el problema es cuando una y otra y otra vez sale sangre y vuelve a salir concha. Un simple arañazo es la peor herida de todas y más aun cuando intentando deshacerte de él ves, para tu sorpresa,  que hay sangre escondida, y por lo tanto corazón, y por lo tanto sentimiento. Y esta clase de arañazo es la que mas tarda en desaparecer, aunque no quieras, porque no dejas de rascar; y en el fondo sabes que lo haces porque que te duela, que te haga sangre es un síntoma de que estas vivo todavía, es un síntoma de que, en última instancia, sientes.
En cuanto a los remedios para ayudar a la curación hay también unos cuantos: agua oxigenada, alcohol, betadine, tiritas… pero de esto hablaré otro día.

Quedaos con aquello de que “si sientes dolor es que estas vivo” y con que una rotura de corazón es peor que cualquier hematoma o golpe en el dedo meñique del pie. Pero siempre nos pueden poner un marca-pasos, es decir, algún día volveremos a encontrar a alguien que nos haga escribir a diario (otra vez).