- Déjame la manta que hace frío - me decías, y ahora soy yo la
que la necesita, agosto sin ti parece más diciembre que nunca y me ha pillado desprevenida, sin ropa de abrigo y sin calefacción.
Además de sin ti.
Pero que no estás es un dato del que muchas veces no me acuerdo,
o del que no me quiero acordar. Me dejaste a medio hacer. Nosotros que
nos habíamos prometido vacaciones y noches de playa. Películas interminables.
Cenas y comidas con velas en casa.
Yo que me había prometido no dejarte ir.
Tú que me prometías
que un kilómetro no era más que una unidad de medida.
Y ya lo ves, vivimos en meses distintos y nos separan años
luz.
Ahora no dejas de llover y dudo que vayas a dejar de hacerlo
por un tiempo, solo espero que dejes de pasarte por aquí para que a mí también
me llegue el calor de verano y sobre todo el sol, que lo echo de menos.
(Como a ti).
Sé que esto no te importa y espero que nunca sepas todas esas cosas que no te digo porque a pesar de que estoy hibernando, el mundo se me queda pequeño sin ti
y
he intentado encontrarte en otras bocas y en otras playas,
pero al final, siempre acabo
volviendo
a
tu
orilla.
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