Estoy deseando que llegue el Otoño, que viene siempre enamorado de la mano del Invierno.
Septiembre fue la mayoría de las veces un mes extraño para mi. Siempre marcó el final. Gran parte de los seres humanos contabilizan el paso de los años cada 31 de diciembre. Yo me quedé estancada en esos años de colegio, dónde septiembre indicaba el fin del verano y el comienzo de un nuevo año, el comienzo del nuevo año escolar, un año nuevo donde se dejaban atrás los amores de verano.
Porque en definitiva el verano es para eso, para encontrar ese amor que hacía pasar rápido los días de no hacer nada, para llenarlos con una ilusión adolescente, Los amores de verano siempre duraron eso... el verano, y los que no, los que conseguían cruzar la barrera del primer verano, lo hacías para acabaren otro verano distinto, con las penas consiguientes achacables al paso de los años, a la perdurabilidad de lo que tiene escrito su fin en un verano cualquiera sin previo aviso.
Y la verdad, me parece la peor época del año para encontrar el amor, porque el calor sofocante nubla la vista. Prefiero un amor de invierno, que es cuando se necesita, cuando hace frío y realmente se agradece el calor de quien se entrega.
La sensación de frío te hace valorar las cosas.
Yo quiero un amor de invierno, uno que no se acabe en verano.
Como cada uno de septiembre, siempre consigo sentir que se acabó en verano, y con él todo lo que no tenía que durar más.
Hoy quiero dar la bienvenida a este septiembre con un pequeño homenaje a los veranos felices y pasajeros, declarándome feliz de que llegue tras su paso el invierno, y con él un "encantada de conocerte", un "te sienta bien esa camisa", un "te invito a una cerveza", un "¿bailamos?", un paseo por ahí, y por qué no un "la verdad es que nunca pensé que lo diría... pero me gustas..." y poco a poco, después de sentir el frío de la calle en la cara, buscar el calor bajo una manta y una buena película en el salón de casa.
Hola Septiembre.
Año nuevo,
vida nueva.
Septiembre fue la mayoría de las veces un mes extraño para mi. Siempre marcó el final. Gran parte de los seres humanos contabilizan el paso de los años cada 31 de diciembre. Yo me quedé estancada en esos años de colegio, dónde septiembre indicaba el fin del verano y el comienzo de un nuevo año, el comienzo del nuevo año escolar, un año nuevo donde se dejaban atrás los amores de verano.
Porque en definitiva el verano es para eso, para encontrar ese amor que hacía pasar rápido los días de no hacer nada, para llenarlos con una ilusión adolescente, Los amores de verano siempre duraron eso... el verano, y los que no, los que conseguían cruzar la barrera del primer verano, lo hacías para acabaren otro verano distinto, con las penas consiguientes achacables al paso de los años, a la perdurabilidad de lo que tiene escrito su fin en un verano cualquiera sin previo aviso.
Y la verdad, me parece la peor época del año para encontrar el amor, porque el calor sofocante nubla la vista. Prefiero un amor de invierno, que es cuando se necesita, cuando hace frío y realmente se agradece el calor de quien se entrega.
La sensación de frío te hace valorar las cosas.
Yo quiero un amor de invierno, uno que no se acabe en verano.
Como cada uno de septiembre, siempre consigo sentir que se acabó en verano, y con él todo lo que no tenía que durar más.
Hoy quiero dar la bienvenida a este septiembre con un pequeño homenaje a los veranos felices y pasajeros, declarándome feliz de que llegue tras su paso el invierno, y con él un "encantada de conocerte", un "te sienta bien esa camisa", un "te invito a una cerveza", un "¿bailamos?", un paseo por ahí, y por qué no un "la verdad es que nunca pensé que lo diría... pero me gustas..." y poco a poco, después de sentir el frío de la calle en la cara, buscar el calor bajo una manta y una buena película en el salón de casa.
Hola Septiembre.
Año nuevo,
vida nueva.
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